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# 5 – En el deseo y el placer…haz Mindfulness

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
Miguel de Cervantes (1547-1616).

Para los nuevos lectores indicarles que este comentario se incluye en una serie de reflexiones para ir desmenuzando los elementos que participan en torno a la intención y la acción, usando el microscopio de la conciencia plena y la luz de la perspicacia.
En esta entrada, nos enfocaremos en dos elementos ambos orientados a la acción como son el deseo y el placer (amor). Estos términos aunque a menudo se mezclan no deben confundirse, como nos avisa el famoso escritor de la cita. Si alguien está pensando que vamos a hablar aquí de sexo, amor y de otras fuentes de placer, esperamos darle algunas ideas. Además, como pronto llega la primavera, hemos querido aprovechar la ocasión para proponer esta prácticas para esta estación fértil en deseo y en placer.

Como la práctica de Mindfulness consiste en observar y describir las experiencias, voy a relatar algunos descubrimientos en este ámbito particular. La primera observación es que el estado mental que reconocemos como el Deseo es un estado de agitación y tensión, en el que la mente se entrega a elaborar fantasías que generan placer en forma de anticipación, además de una sensación de urgencia, mezclada con esperanza y miedo al fracaso. Un cóctel que en ciertas dosis resulta excesivo y deja de ser agradable para convertirse en agobiante. Parece ser que una hormona responsable de este estado es la dopamina, que orienta nuestra atención de forma obsesiva hacia algo o alguien y que condiciona tanto la experiencia de la persona enamorada como de la drogadicta.

El otro estado mental, el Placer, es más sosegado y amable. Se presenta con una sensación de deleite de los sentidos generando disfrute y relajación. En el placer, la atención esta orientada hacia el presente y hay una sensación de satisfacción real, más potente que en el deseo. En las relaciones humanas este placer se suele asociar con el amor. Cuando entre dos personas se da este placer-amor se segrega una hormona llamada oxitocina que establece el vínculo y fomenta generosidad y confianza hacia la otra persona, esta es la hormona del amor.

De una forma conceptual podríamos definir que el deseo se ocupa de lo que No se posee mientras que el placer se ocupa de lo que Si se posee. Esta sensación de posesión puede hacer disminuir el deseo y viceversa, cuando surgen barreras y dificultades en torno a un objetivo estas pueden acrecentar el deseo. De este principio derivan muchas estrategias de seducción.

A menudo el deseo y placer se alternan, mezclándose en la experiencia, como en las actividades sexuales que es como una obra de teatro en la que actúan nuestros protagonistas, deseo y placer, en los papeles principales. En los prolegómenos, que pueden venir de mucho atrás, el papel estelar recae en el deseo, que centra la atención en un propósito y va abriendo camino. Cuando comienza el contacto físico comenzaría la experiencia de placer (no quiero decir que el cortejo no sea placentero, pero no es lo mismo) y aquí entra en acción la oxitocina, la hormona del amor. Entonces ambos, deseo y placer luchan por su lugar en la escena. El deseo se viste de pasión intentando ir cada vez más lejos, hasta alcanzar cotas más altas, mientras que el placer-amor frena e intenta disfrutar de cada caricia, de cada beso, de cada momento. Si el amor desplaza al deseo de la mente todo quedará en unos momentos de ternura. Si el deseo mantiene firme el pulso narrativo llegará hasta el máximo que pueda, para desvanecerse luego, dando lugar después al placer-amor y otra dosis de oxitocina. Aunque también hay otros finales de esta obra, sin nuestros protagonistas estos resultan poco agradables.

Este protagonismo alternante del deseo-pasión y el placer-amor se sustenta, detrás de las bambalinas, gracias a un baile entre dos partes del sistema nervioso autónomo. Por un lado está el sistema simpático, responsable de la acción y que alimenta las intenciones del deseo. Por el otro lado tenemos al sistema parasimpático que articula la relajación y el disfrute dándonos esa sensación de placer que llamamos hacer el amor.

Este mismo proceso se da también en la relación con la comida, el deseo de llevarse un bocado de un jugoso manjar, el placer de saborear cada bocado. Si el deseo es muy fuerte comemos muy rápido y casi no disfrutamos. Si estamos relajados podemos saborear y apreciar mucho más un plato. Pero si no hay deseo no nos interesa la comida. Aunque hay un dicho antiguo castellano que “en el comer y el rascar todo es empezar”…No se a que se referiría con eso de rascar, quizás fuera para despistar a la censura.

Una vez que hemos presentado estos estados mentales , tan característicos de la experiencia humana, podemos explorar como orientar la práctica de Mindfulness mediante un modelo de 4 niveles de conciencia:

1. Reconocer y aceptar – En este primer nivel un practicante aprende a identificar si hay deseo en la mente o si hay sensación de placer. Para ello se ejercita en llevar la atención al cuerpo identificando sensaciones, observando su mente con sus emociones y los pensamientos. Aquí practicamos la capacidad sentir antes de actuar.
2. Valorar – Es este segundo nivel se valora el deseo o el placer en su contexto o situación. Si en ese momento es un estado mental armonioso, por ejemplo; acrecentar el deseo de comida cuando se está preparando resulta beneficioso para comer con apetito, disfrutar más y agradecer a quien hace la comida. Por el contrario, generar deseos de comida cuando no hay nada que llevarse a la boca, acrecienta la frustración y genera malestar.
3. Regular o modular
– Cuando estos estados mentales surgen en un momento inconveniente o resulta de una actividad dañina para uno mismo o los demás, hay que poder regular este estado, sin reaccionar ni al deseo ni al placer. Una práctica de este nivel seria regular el deseo de comida para poder comer despacio saboreando cada bocado. Este nivel implica la práctica de la ecuanimidad ante los estados mentales
4. Reflexionar – Cuando la fuerza del deseo o del placer ha pasado , se puede tomar conciencia de los condicionamientos que originan estos impulsos, como los hábitos o las experiencias pasadas y valorar de que forma se puede responder mejor en el futuro en vez de reaccionar.

Con las reflexiones lúcidas que resultan de una práctica de Mindfulness aplicada al deseo y al placer podemos revisar algunos de los mitos de nuestra época, como la asociación del placer con el consumo que tanto promueve la publicidad o como los mitos del amor romántico con el deseo que condicionan las relaciones entre los hombres y las mujeres.

Una de las prácticas tradicionales de Mindfulness es reconocer como los estados mentales surgen y desaparecen. Como la experiencia va cambiando. Con este conocimiento, un practicante va desarrollando mayor ecuanimidad con sus impulsos por un lado y una mayor lucidez mental por el otro, con las que va desplegando una vida más armoniosa y satisfactoria. Ello no implica renunciar al deseo ni al placer, el Budha histórico definió su camino como la vía media, entre el ascetismo que renuncia a los placeres y el hedonismo que solo persigue el disfrute. La vía media es Mindfulness, un camino que combina el corazón con la sabiduría para reconocer, aceptar y decidir como y de que manera responder a aquello que esta ocurriendo, para bien de uno mismo y el de los demás seres.

Feb. 2014
Andrés Martín-Asuero, Fundador Instituto esMinfulness

2 pensamientos en “# 5 – En el deseo y el placer…haz Mindfulness

  1. Andrés, muchas gracias por este escrito tan práctico (como siempre). Quizás la pareja deseo-placer podria convertirse en un trio si añadimos a la reflexión el dolor.

  2. Está muy bien, muy interesante Andrés, terreno amplio para autoconocimiento y práctica. Gracias

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